¡Alerta! ¡Alerta!, así dijo Radio Swan
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Autor : Rodolfo Romero Reyes
Publicado : 12/02/2014

El triunfo de la Revolución Cubana agudizó el conflicto histórico con el gobierno norteamericano, pues el proceso de emancipación protagonizado por las clases más humildes de la población, bajo el liderazgo indiscutible de  Fidel Castro, afectó profundamente los intereses económicos y políticos estadounidenses.

 

La política anticubana que sería promovida sistemáticamente desde los círculos de poder de los Estados Unidos estaría matizada por un fuerte componente ideológico que se haría muy visible en el continuo diseño, financiamiento y ejecución gubernamental de diversas campañas propagandísticas contra Cuba.

 

Durante el proceso de nacionalización de las diferentes empresas extranjeras radicadas en Cuba, la radiodifusión cubana logró romper las ataduras económicas y tecnológicas que la enlazaban con los Estados Unidos desde que el cubano Luis Casas Romero emitiera en 1922 la primera señal radial en la Isla. Al alcanzar esta independencia también en la trasmisión radial, se impedía el uso de la radio por las bandas contrarrevolucionarias y el empleo de Cuba como trampolín de la penetración ideológica hacia América Latina.

 

Por eso, desde ese mismo año 1959 comienzan las violaciones del espacio radioeléctrico nacional con fines subversivos. Durante estos tres primeros años se desarrollarían disímiles campañas difamatorias que pretendían desvirtuar el proceso cubano desde adentro.

 

La creación de  Radio Swan en mayo de 1960 formó parte de los preparativos de la Operación Mangosta pues sus emisiones guiaron las acciones de los contrarrevolucionarios que operaban en territorio cubano. Aunque el inicio de las actividades de la emisora estuvo precedido de la autorización por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) del gobierno estadounidense para transmitir mediante ondas cortas hacia Cuba,  Radio Swan era una operación clandestina y jamás fue inscrita en el Registro Internacional de Frecuencias de la UIT ni tramitada a través del NARBA.

 

El 21 de marzo de 1961 Voz de las Américas (Voice of America, VOA)  se incorporó a esta línea de agresión directa al salir al aire una nueva emisión en idioma español enfocada especialmente en el país: «Cita con Cuba».

 

Pero en su condición de emisora oficial del gobierno de los Estados Unidos, VOA tenía determinadas limitaciones para cumplir todas las expectativas y necesidades en la aplicación de la política de propaganda decidida contra la Revolución cubana. Es por eso que durante la invasión mercenaria por Playa Girón, fue Radio Swan quien tuvo un papel protagónico. No solo transmitió información para ofrecer apoyo táctico  a los mercenarios, sino que además creó falsos «estados de opinión» en torno a los acontecimientos que estaban sucediendo, construyendo una visión enteramente tergiversada de los hechos.

 

Previo a la invasión, en un informe emitidopor los Órganos de la Seguridad del Estado en abril de 1961, se confirmaba que Radio Swanerael medio de comunicación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con las bandas terroristas que azotan el Escambray. Durante la invasión de la Brigada de Asalto 2506  emitió un mensaje que anunciaba para la quinta columna interna que la Operación Pluto se había desencadenado.

 

El mensaje decía:

 

«¡Alerta! ¡Alerta!. Miren bien el arcoiris. El pez pronto saldrá. Chico está en la casa. Vístelo. El  cielo es azul. Coloque la información en el árbol. El árbol es verde y carmelita. Las cartas llegaron bien. Las cartas son blancas. El pez no se demora en salir. El pez es rojo».[1]

 

Pero semejantes instrumentos fracasaron ante la valentía mostrada por los hombres y las mujeres que integraban la milicia revolucionaria, fuerza decisiva en la derrota de las brigadas mercenarias que constituyeron la expresión más palpable de la acción del pueblo uniformado.

 

Tras la rotunda derrota propinada a los invasores mercenarios y del total descrédito de la emisora, Radio Swan pasó a llamarse Radio América, «La Voz de la Verdad para todo el Continente», la cual continuó su propaganda contra Cuba hasta su desaparición.

 

Un año y pocos meses después, durante otro momento crucial de nuestra historia, la Crisis de Octubre, el gobierno de los Estados Unidos intensificó la utilización de la radio como instrumento de guerra psicológica contra Cuba mediante la ejecución del llamado «Plan Jacobs».

 

El plan consistía en instalar dos nuevos transmisores en cayos al sur de la Florida (Cayo Marathon y Sugar Loaf), lo cual se acompañaría de una veintena de emisoras con tiempo alquilado. Es en este mismo contexto que aparece la idea de emplear trasmisiones televisivas para apoyar la agresión militar contra Cuba. Al parecer fue Edward R. Murrow, entonces director de la USIA, quien envió al presidente Kennedy un memorándum sobre la posibilidad de enviar propaganda anticubana mediante la televisión.

 

Lo cierto es que el propio presidente John Fitzgerald Kennedy dio instrucciones  a la USIA para aumentar de manera considerable su capacidad de transmisiones a Cuba, las frecuencias, horas de transmisiones y cantidad de emisoras transmitiendo directamente. El plan de trasmisiones especiales fue elaborado el 20 de octubre de 1962. Dos días después, inmediatamente después de que el presidente estadounidense pronunciara su discurso anunciando el bloqueo naval contra Cuba, la USIA desencadenaría el plan de saturación informativa mediante transmisiones hacia Cuba las 24 horas del día.

 

Culminó la Crisis de Octubre, pero las agresiones radiales no cesaron durante todo esa década del sesenta. Hasta 1970 se registraron un total de ocho emisoras piratas que transmitían desde la Florida en bandas de radio aficionados en diferentes horas y días.

 

La mayoría de estas emisoras piratas y emisiones subversivas pretendían incitar al descrédito ante la opinión pública de la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro así como incitar a su eliminación física. También pretendían promocionar las medidas del bloqueo económico de Estados Unidos; desacreditar las transformaciones políticas, sociales y económicas de la Revolución; inducir a la realización de actividades de subversión y terrorismo; desacreditar la imagen de la Revolución cubana en el exterior; estimular las salidas ilegales y la emigración de profesionales y especialistas; convocar a la resistencia pasiva  en la población y llevar a cabo campañas de propaganda con informaciones falsas y desinformaciones, como una supuesta participación de Cuba en violaciones de los Derechos Humanos, el narcotráfico, el apoyo a acciones de terrorismo internacional, entre otras.

 

 



[1] Jacinto Valdés-Dapena: Piratas en el éter. La guerra radial contra Cuba 1959-1999, Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

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