La CIA y otros servicios de inteligencia
La responsabilidad de la CIA en el crimen de Barbados
Corría el año 1967. La contrarrevolución en Cuba había sido aplastada. La sede de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Miami Estación CIA JM WAVE comenzó paulatinamente a limitar sus operaciones de guerra sucia contra el territorio cubano, después de largos años de crímenes y agresiones. El terrorismo no había cesado, sino que se intensificaba contra intereses cubanos en el extranjero. Sus «blancos» predilectos serían entonces funcionarios diplomáticos y comerciales, embajadas, consulados, representaciones de líneas aéreas o marítimas, ya fueran cubanas como de cualquier país que mantuviese algún vínculo con Cuba. Era solo un cambio estratégico en la política de terror.
Un asesino a sueldo llamado Luis Clemente Faustino Posada Carriles fue «asignado» a Caracas, Venezuela, en 1967, como mercenario de la CIA, transitando por sus órganos de Inteligencia hasta ocupar un importante cargo en la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) de entonces. Sus principales tareas: eliminar focos de «insurgentes» y apoyar el trabajo de espionaje de la CIA en el medio diplomático hostil a los Estados Unidos y en las altas esferas de la política local. Esta designación no era casual; constituía un cargo de confianza en un país con grandes intereses económicos y geopolíticos para Estados Unidos en el área del Caribe y Sudamérica, muy cercano a Cuba por profundos lazos históricos.
El propio George Bush (padre), en su calidad de Director de la CIA en 1976, expresó en privado al entonces Jefe de la DINA chilena, general Juan Manuel Contreras Sepúlveda, durante una reunión en Washington, que la DISIP había sido reestructurada con la participación de agentes cubanos al servicio de la agencia, sugiriéndole que a su regreso a Chile pasara por Caracas y visitara este órgano policiaco. Según Contreras, durante su viaje a Venezuela se entrevistó con operativos cubanos en ese país. Uno de ellos era Luis Posada Carriles.
La «reestructuración» aludida por el entonces Director de la CIA, incluía importantes recursos de todo tipo dirigidos a potenciar aquel dispositivo policiaco.
Luis Posada Carriles no abandonó su accionar terrorista contra Cuba en esos años, sino que las recrudeció a partir del manto oficial que le ofrecía su cargo en la DISIP venezolana, en la que fue nombrado como Comisario el 4 de octubre de 1971 por su amigo y colaborador Remberto Uzcátegui Bruzual, quien lo integró al grupo represivo bajo su dirección conocido como «los Doce Apóstoles». Esta designación le brindó mayores posibilidades para continuar las acciones de interés de la CIA que venía desempeñando desde años atrás.
En 1974, por desavenencias con el nuevo gobierno de Carlos Andrés Pérez, Posada Carriles se vio obligado a renunciar, creándose una difícil situación operativa para la CIA. Pero de la noche a la mañana, surgieron nuevos fondos monetarios, algunos de ellos supuestamente aportados por su antiguo compañero en la DISIP, Joaquín Chafardet Ramos, y es creada una agencia privada de detectives en Caracas nombrada Investigaciones Comerciales e Industriales, Compañía Anónima (ICICA), dirigida por el propio Posada Carriles.
Esta «agencia» desplegó su actividad desde los primeros meses de 1974 hasta octubre de 1976, considerados los años de mayor violencia terrorista contra oficinas diplomáticas y comerciales e intereses cubanos en el continente.
En sus «memorias», Posada Carriles intenta encubrir el carácter subversivo de la ICICA y justificar los recursos técnicos y financieros de que disponía:
[… ]jamás nos hicimos cargo de asuntos relacionados con adulterios ni problemas entre políticos, rama que nos parecía de importancia mínima, en comparación con lo más rentable y atractivo de la investigación comercial e industrial, particularmente en el campo del espionaje de tecnología, comercio y finanzas de empresas nacionales y extranjeras […] nos encargaron investigaciones sobre conflictos de competencia, robos y fraudes; investigaciones para pre-empleo de ejecutivos importantes, especialmente de empresas multinacionales […] una red de equipos móviles de comunicaciones con su repetidora, cámaras operativas, micrófonos sofisticados, etc., auxiliaban en sus pesquisas a nuestros investigadores […]
Este centro terrorista llegó a contar con 36 empleados, algunos de ellos ex agentes de los servicios especiales venezolanos o terroristas de origen cubano, familiarizados con tareas clandestinas de seguimiento y control técnico de objetivos de interés, técnicas de escucha ilegal o interrogatorios y acciones violentas con armas y explosivos plásticos. El segundo al mando y jefe de operaciones de esta «agencia» era Diego Argüello Lastre, ex policía de la tiranía batistiana.
El nivel de agresividad y efectividad de este grupo solo era posible gracias a la tenencia de medios de intercepción telefónica, transmisores de radio miniatura para aplicaciones ocultas y micrófonos pequeños para empotrar en paredes (algunos comerciales y otros de procedencia desconocida, presuntamente elaborados por un servicio profesional de espionaje), equipos de grabación profesional, estetoscopios para escucha a través de paredes, medios de cerrajería, fotografía profesional, equipos portátiles para el montaje de puntos móviles de grabación de conversaciones y líquidos radioactivos para el marcaje y seguimiento de objetivos, entre otros medios.
Este equipamiento permite inferir que los blancos del trabajo ilegal podían ser personalidades políticas o gubernamentales, agentes diplomáticos o comerciales extranjeros, dirigentes revolucionarios de izquierda, empresarios y hombres de negocio.
Desde esta «agencia» se planificaron muchos actos terroristas y de ella partían subrepticiamente comandos armados y entrenados para colocar bombas en instalaciones civiles cubanas en el extranjero y planear todo tipo de atentados y secuestros, en presumible coordinación con otras agrupaciones de la mafia cubanoamericana en Miami. Según diversas fuentes históricas, la ICICA elaboró estudios operativos sobre instalaciones diplomáticas y comerciales cubanas en Trinidad, Barbados, Colombia y Panamá y poseía mapas de ruta de los vuelos aéreos de Cubana de Aviación en la región.
La CIA no podía estar ajena a estas acciones. Posada Carriles seguía siendo su hombre de confianza y posiblemente su oficial ilegal más fiel y experimentado en la región al que debía muchos favores.
Días después del crimen de Barbados, un memorando de inteligencia desclasificado del Departamento de Estado norteamericano de fecha 19 de octubre de 1976 solicitaba a la CIA algunas respuestas y comentarios.